Excelente pregunta. Creo que Star Wars significa diferentes cosas para diferentes personas, dependiendo del tipo de experiencia que hayan tenido con esta franquicia a lo largo de los años.
Para mí, todo comenzó cuando tenía ocho años: mis padres me llevaron a ver el reestreno de la Trilogía Original al cine (en un Jockey Plaza recién inaugurado), y aunque no puedo decir que haya sido “amor a primera vista”, ciertamente me di cuenta de que había visto algo especial. Tanto así que meses después pedí que me regalen (no sé si por Navidad o mi cumpleaños el Día del Niño o lo que sea) los VHS de las películas.
Fue en casa, entonces, donde verdaderamente me enamoré de Star Wars. Viendo cada película una y otra vez. Haciéndome preguntas sobre los aliens que aparecían en el fondo, o sobre las decisiones que Luke Skywalker, la Princesa Leia o Han Solo tomaban. Y sorprendiéndome –aunque evidentemente ya sabía lo que iba a pasar– cada vez que veía a Darth Vader diciéndole “no, yo soy tu padre” a Luke.
Una vez que las precuelas fueron saliendo –en 1999, 2002 y 2005–, tampoco pasé por un “amor a primera vista”. No obstante, con el tiempo desarrollé mucho cariño hacia ellas y hoy en día soy de sus más intensos defensores. Puede que el diálogo no sea el mejor, o que ciertas actuaciones puedan haber estado mejor pulidas, pero al igual que con las primeras tres cintas, me gusta mucho lo que aquellos filmes nos dicen.
Después de todo, la Trilogía Original, en síntesis, es la historia de una banda de rebeldes intentando derrocar a un Imperio autoritario, inspirada en la Guerra de Vietnam (sí, los vietnamitas son los buenos y Estados Unidos los malos; lo siento, lectores estadounidenses). Y las precuelas narran la historia del decaimiento de una democracia y su eventual transformación en una autocracia, inspirada en la forma en que Hitler ganó poder en la Alemania de principios del siglo pasado. (Y con algunos toques sutiles que hacen referencia al gobierno de George W. Bush en EE.UU.).
Star Wars es, entonces, para mí, también un reflejo interesante y ficcionalizado de la historia verdadera –una narrativa extremadamente politizada, que curiosamente, no todo el mundo interpreta de la forma adecuada (o al menos lógica), y de la que otros, lamentablemente, no han aprendido mucho.
Pero en un sentido menos serio, también es una serie de películas llenas de imaginación, alienígenas fascinantes, personajes memorables, diálogo memeable (“¡Se acabó, Anakin! ¡Tengo el terreno elevado!”), efectos visuales espectaculares, y que aprovecha al máximo una de las mejores invenciones de la historia del cine de fantasía: el sable láser.
Pero como suele comenzar a suceder a cierta edad, hoy en día, principalmente, vinculo a la saga de Star Wars a ciertos recuerdos: mi visita al cine a ver la Trilogía Original; la campaña de marketing masiva del Episodio I en tiendas como Falabella o Ripley; mi primer DVD original (fue el de Star Wars Episodio II: El Ataque de los Clones); las funciones de medianoche de las secuelas; el poder haber visto el Episodio 9 en la prèmiere oficial en Londres con un amigo; y por supuesto, mi visita al Star Wars Celebration 2017 en Orlando, donde pude conocer a buena parte del reparto.
Star Wars es muchas cosas para diferentes personas. Pero para mí, es una mezcla de referencias cinematográficas e históricas, la representación de la evolución tecnológica en el cine y recuerdos vinculados a eventos, sucesos importantes personales y amistades que perduran hasta el día de hoy.
Se ha dicho varias veces ya, pero la “mejor” etapa de Star Wars es aquella que se llevó a cabo cuando eras niño (es por eso que diferentes generaciones tienen diferentes películas favoritas).
Puede que nunca vayamos a estar todos de acuerdo, pero al menos podemos encontrar un sentimiento en común: el cariño tan personal que le tenemos a esta longeva, importante, irregular, espectacular y masiva saga cinematográfica.
Sobre Sebastián Zavala
Cineasta, crítico de cine y docente a tiempo completo de la Universidad Científica del Sur.







