Eugenia Guevara no termina de quedarse quieta dentro de una sola categoría. Ante todo, es periodista por formación e impulso que no tiene freno.
También es comediante por convicción, pues reírse de uno mismo es, también, una forma de sobrevivir al oficio.
Y es productora por una necesidad que surgió un día cuando sintió que callar le costaba más que renunciar.
Hoy forma parte de La RoRo Network, canal de streaming peruano creado por Carlos Orozco que con programas como BEO, Nadie Se Salva, Ouke o Guapotes ha construido una audiencia fiel en un ecosistema digital que aún está aprendiendo a sostenerse a sí mismo.
Periodista, comediante, productora. ¿Con cuál te quedas?
Ay, wow. No, qué difícil quedarte con una sola cosa. Creo que uno tiene varias facetas y cada faceta tiene su tiempo, su espacio y su momento también. Pero, pese a todo lo que me resistí, eso del periodismo aparentemente es cierto: es una sentencia de muerte o de cadena perpetua, es un botón que se prende una vez en la vida y nunca más se puede apagar.
Buena frase.
Algo que le pasa mucho al periodista es que toma demasiado en serio su trabajo. De verdad sentimos una presión muy fuerte que, en realidad, no deberíamos sentir, ya que el Perú no será ni mejor ni peor debido a nosotros o por culpa de nosotros. Aquí juega mucho el ego y creo que reírte de ti mismo es importante para poder sobrellevar ese ego. En mi caso, la comedia es algo que me ha sumado muchísimo, en especial para sobrellevar la chamba del periodismo de manera saludable.
¿Qué fue lo que te dejó el periodismo televisivo?
La curiosidad. Es un valor que, lamentablemente, no todos los periodistas llegan a interiorizar del todo. Tuve la suerte de tener mentores que me lo impusieron como condición sine qua non para trabajar, es decir, siempre tener preguntas, querer saber más y tener la plena conciencia de que nunca sabrás todo, que puedes equivocarte y que debes aprender a lidiar con eso.
¿Cómo fue saltar de la televisión al streaming?
Fue un camino largo. No pasé directamente del periodismo televisivo al streaming. Tuve unos ocho años de pelea, resentimiento y negación frente al periodismo. Allá por el 2016 hice mi última chamba en Panamericana, con informes especiales, y ya sentía que el oficio no me daba nada. Me retiré con la soberbia de la juventud diciendo que nunca más iba a volver a hacer periodismo.
Es un oficio demandante.
Sí. Entonces, me dediqué un tiempo a la comedia y luego a las relaciones públicas, donde trabajé ocho años en una agencia. Hasta que un cliente tuvo una crisis de reputación muy fuerte y no podía hablar de eso en BEO Noticias, donde ya estaba trabajando. No podía referirme al tema ni a favor ni en contra. Había un conflicto de intereses muy duro. Sentía que para cuidar mi sueldo tenía que cerrar la jeta. Y no me aguanté, y renuncié. Al mismo tiempo le pedí a Carlos una oportunidad como productora, además de conductora, y funcionó.
En BEO y en Nadie Se Salva hablan de política sin que se desborde. ¿Cómo lo logran?
El desborde es un poco parte del día a día. Lo que tratamos de hacer es que aparezcan ideas originales, que no repitamos lo mismo que venimos escuchando, que haya algo novedoso que comentar más allá de la noticia. Lo escuché por primera vez de Eloy Marchán: «la chamba del periodista no es preguntarle al que cree que está lloviendo y luego al que no cree que está lloviendo para que la gente saque sus propias conclusiones. La chamba del periodista es abrir la ventana y ver si está lloviendo o no». Eso es lo que buscamos. Siempre tratamos de que la especulación no nos gane, de que nuestros pies en la tierra sean los hechos.
¿Y en Nadie Se Salva?
Es distinto. Ahí no tenemos la obligación del rigor periodístico. Es más dar tribuna a lo que la gente piensa, ponerlo en contexto. Somos patas conversando sobre lo que pasa.
¿Y los momentos polémicos? ¿Cómo los manejan desde adentro?
Tenemos una regla básica: somos amigos, nos respetamos. Podemos discrepar, podemos mecharnos, podemos estar en orillas opuestas, pero nunca se debe perder el respeto por el compañero. En el momento en que se pierde el respeto ya estamos hablando de cosas más grandes, y eso hace insostenible cualquier debate. Hemos aprendido, por las buenas y por las malas, que lo más importante no es tu opinión, sino el respeto que tienes por tus compañeros.
¿Cómo ves el ecosistema de creadores de contenido en Perú?
Es que depende con quién te compares. Si nos comparamos con Argentina o México, todavía estamos aprendiendo. Pero siento que en este momento lo que más éxito tiene son los streamers polarizantes. Ahí están Rosa María Palacios, La Encerrona, Curwen, Paolo Benza o Llanos, que ya son referentes. También hay otros más pequeños que están empezando a conseguir la viralidad necesaria para sobrevivir de esto.
¿Se puede sobrevivir?
El problema es que las marcas todavía apuestan más por el entretenimiento light que por los espacios informativos o de crítica social, aunque, poco a poco, están perdiendo ese miedo. Igual, en algún momento te van a funar. En BEO, por ejemplo, hemos perdido auspicios por hablar de política, pero ahora tenemos marcas que nos respaldan incluso en elecciones, y creo que eso es una buena señal para todos los que hacemos este tipo de contenido.
¿Qué dirías a alguien que quiere entrar a este mundo de la producción digital y no sabe por dónde empezar?
La única forma de empezar es empezando. Es que también me pasa: hace un montón de tiempo estoy dándole vueltas a crear mi propio canal y digo “ay no, es que no tengo la luz”, “ay no, es que me falta el micrófono más chévere”, “ay, no, es que solamente voy a tener a seis personas mirándome”. Mira, no tienes que esperar a que se alineen los planetas. En realidad, el Internet es casi un servicio básico, la mayor parte de nosotros tenemos acceso, y lo único que necesitas es eso, porque tu teléfono tiene cámara y micrófono, y tu laptop también.
Hay que perder el miedo.
Perder el miedo a empezar y también a fracasar. No hay que detenerse, sino seguir adelante hasta que en algún momento le vas a pegar a la marrana por estadística. En algún momento va a funcionar. Y una vez que encuentras eso que funciona, tal vez descubras que te nutre y te da felicidad. A partir de ahí, todo es cuesta arriba.
¿Qué viene para ti este año?
Haré stand-up comedy en agosto, un unipersonal que ya estoy trabajando. Será lindo porque aplicaré, por fin, todas las técnicas de comedia que he aprendido, no solo stand-up, sino improvisación teatral, bufones, un poco de payaso. Y también sigo haciendo mis propios en vivo, a veces en YouTube, a veces en Instagram, en un ensayo y error para encontrar qué quiero. Todavía no lo tengo claro, pero sigo prendiendo todas las semanas hasta que ocurra ese momento mágico. Y me he prometido que será una de esas cosas que deje a medio hacer. Quiero tener mi propio espacio, aunque sea chiquito, aunque sea para cincuenta personas. Y bueno, espero seguir en La RoRo todo el tiempo que Carlos [Orozco] me aguante.
Sobre Alexandra Aguilar
Estudiante de Comunicación y Publicidad con interés en periodismo digital, redacción y narrativa. La música y las buenas conversaciones también son parte de mí.







