Por Sara Llave junio 09, 2026

Cuando vi Wiñaypacha (2017) por primera vez sentí que era más que una película. No era solo la historia de Willka y Phaxsi, dos ancianos viviendo solos en las alturas andinas y esperando el regreso de su hijo Antuku, sino una de las tantas que hay sobre adultos mayores en las zonas más recónditas de nuestro país.

La soledad que los acompaña casi nunca se muestra en los canales de televisión. Solo puedes enterarte de estas historias mediante redes sociales o en páginas que muchas veces no tienen visibilidad.

Esto me hizo pensar en mi propia historia, pero antes recordé la de mi abuelita Inés.

Ella tuvo varios hijos, pero todos migraron desde Pomata hacia Arequipa algunos y Bolivia otros. La única que se quedó a su lado fue mi mamá, que la acompañó hasta el final. Cuando mi abuelita falleció, la tristeza no solo fue por su partida, sino porque no pudo ver a todos sus hijos reunidos mientras vivía. Muchos llegaron recién para el entierro. Así entendí que la distancia que se intenta justificar con “trabajo”, “tiempo” o “falta de dinero” solo deja pocos recuerdos para tus seres queridos.

Y así como ocurrió con mi abuelita, la historia también se repite en mi familia.

Nací en una comunidad rural de Puno, rodeada de hogares donde los hijos se iban cada año a las ciudades en busca de mejores oportunidades. Mis hermanas mayores siguieron ese camino: apenas terminaron la secundaria, migraron a Lima. Solo regresaban en festividades importantes y era cada cuatro o cinco años.

Mis padres y yo éramos los únicos que mantenían de pie nuestro hogar. Aunque la felicidad por verlas progresar era grande, no se comparaba con los momentos que no podíamos compartir con ellas por su ausencia.

El año pasado también me tocó a mí partir. Terminé la secundaria y dejé mi casa para buscar estudios y trabajo en la capital. Mis padres quedaron solos y a pesar de que trato de regresar en vacaciones, ya no es lo mismo. Quizás por eso Wiñaypacha despertó tantos sentimientos en mí. Esta película no exagera apenas muestra lo que muchos de nosotros conocemos desde siempre.

No sucede solo en comunidades rurales. Según un reportaje de Perú21, más de 1500 adultos mayores fueron abandonados por sus familias en 2023 y quedaron bajo acompañamiento del Inabif. Asimismo, Salud con Lupa reveló que más de 80 mil adultos mayores fueron retirados de Pensión 65, el programa que les brinda ayuda social.

Ambos datos evidencian una realidad alarmante: el abandono y la desprotección de los adultos mayores no solo es frecuente, sino también invisibilizada. Para el fallecido director de la película, Óscar Catacora, esa ausencia fue algo personal. En una entrevista con Cinestel, Catacora explicó que la historia de Wiñaypacha nació de lo que él mismo había visto en su comunidad: abuelos esperando a hijos que migraron, familias rotas por la necesidad y no por la indiferencia.

Y es que la migración no siempre es abandono, pero sí deja una soledad que duele.

En las zonas altoandinas como Pomata, donde el frío alcanza los 15 grados bajo cero y el Estado llega tarde o no llega, envejecer puede ser un acto de resistencia. Muchos adultos mayores viven solos, sin acceso adecuado a salud, sin transporte y sin un sistema que los proteja. Wiñaypacha lo muestra claramente y puede ser triste e incómoda, pero es necesario que así sea.

Ver a Willka y Phaxsi esperar a su hijo día tras día me hizo pensar en el futuro de mis padres, de mis tías, de mis vecinos, de todos esos abuelos que miran el camino con la esperanza de ver llegar a alguien querido. Tal vez migrar nos abre puertas, pero también abre distancias que no se puede compensar con simples llamadas.

Mi papá viene a visitarnos de vez en cuando, pero mi mamá no suele viajar, en parte porque no puede dejar la casa sola ni a los animales que crían.

Por eso creo que Wiñaypacha es una película urgente, a pesar de que fue estrenada hace varios años. Es urgente para quienes crecimos en los andes y sabemos lo que significa dejar el hogar, y para quienes viven en ciudades y nunca han visto cómo se vive y cómo se muere en las alturas.

La soledad de los adultos mayores debería conmovernos, pero también movilizarnos a pensar en soluciones concretas, en políticas que cambien el destino de muchos adultos mayores como Willka y Phaxsi. Actualmente, pueden ver la película en Netflix.

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Sobre Sara Llave

Estudiante de Comunicación y Publicidad. Disfruto viajar y conocer nuevos lugares, así como capturar momentos a través de la fotografía. Me gusta practicar vóley y mantenerme activa, y en mi tiempo libre disfruto preparar nuevos postres y experimentar con diferentes recetas.

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