Alfredo Anderson, mejor conocido como Redak, es un ilustrador, director creativo y diseñador que ha forjado a punta de autenticidad. Su narrativa visual se caracteriza por el dominio del dibujo vectorial y el uso estratégico de paletas cromáticas intensas. Su filosofía, centrada en la ilustración como medio de supervivencia, impregna sus colaboraciones con marcas globales, donde sus personajes geométricos logran humanizar la comunicación comercial moderna.
Sus influencias se remontan al grafiti que veía en la calle cuando era chico y al conocimiento de artistas como Masaki Gaja, quien le enseñó a conceptualizar y sintetizar formas. Ha colaborado con marcas peruanas importantes y, además de su trabajo como creativo, dicta clases particulares. Hoy, después de años muy intensos en agencias, procura tener un ritmo de vida tranquilo y priorizar el tiempo de calidad con su familia.
¿Cómo fueron tus primeros años en el mundo de la ilustración?
Ha sido algo bien orgánico, fluido en el tiempo. No me cuesta diseñar, me parece que es algo que ya tenía en mi ADN. Me gusta, tengo pasión por esto, me divierte. Ahora bien, siempre he tratado de manejar la ilustración desde dos aspectos: la ilustración personal, que es la que me gusta, y la ilustración por la que me pagan, la más cumplidora, la que no necesariamente será 100% mi estilo, pues debo pensar en el negocio, el cliente, en fin. En cuanto al paso de la ilustración al diseño, fue muy natural. Para mí es muy natural encontrar formas y colores, a pesar de que no soy un estudioso del diseño como otras personas que sí están preparadas.
¿Qué ha influido en tu carrera como ilustrador?
Primero, el graffiti. Cuando empecé a pintar, ya veía el trabajo de Seimiek, Jade Rivera, DMJC, Pez, entre otros. Ellos fueron mi primera influencia. Luego, conocí a Masaki Gaja, con quien compartimos un tiempo de colectivo que se llamó Suma. Me enseñó mucho a conceptualizar imágenes y sintetizar formas, pues su proceso creativo es bien chévere. Viajar también ha influido, pues conoces diferentes culturas, personas, artistas que, así como uno, también están tratando de hacer su camino y salir adelante.
¿Recuerdas tu primer trabajo remunerado?
Sí, fue para la marca Stanford. Eran unos mostritos que hice cuando estaba estudiando. Me pagaron 300 dólares. Y para mí, pasar de cobrar 30 o 50 soles por dibujos a las mamás de mis amiguitos, a cobrar 300 por hacer 5 dibujos fue sorprendente.
¿Hay alguna que marca que te haya presentado un reto grande?
Cada proyecto tiene sus pros y contras. Por ejemplo, con Danlac se me hizo sencillo hacer la etiqueta. Otro buen reto fue el proyecto Sublime Sonrisas: tenía que trabajar 30 ilustraciones en un mes, me pedían una por día. Fue muy loco por los procesos de pago después. Eso fue retador.
¿Cuál es la parte menos visible de tu trabajo que hace que tus ilustraciones funcionen?
Soy una persona bien crítica y me gustan que las cosas salgan bien. Lo que la gente no ve detrás del resultado final es el tiempo y compromiso que dedico. Si el proyecto me parece chévere, lo proyecto bien, investigo, hago licitaciones en las cuales me encargo de la parte creativa, estratégica, digital, de arte, hago casi todo el ciclo. Aunque me cargue de cosas, me parece bacán el manejo de todo el proyecto. Me envicia.
¿Cómo se describiría a sí mismo más allá del artista?
Esa es la pregunta que me hago. Pienso que soy un tipo que intenta descubrirse a sí mismo, la vida, las cosas que me gustan. Sé que escogí un camino que genera millones, pero se debe a que siempre me ha gustado crear por pasión. He pasado de tener un montón de chamba e ingresos fuertes a sintetizarlos y preferir dictar clases particulares, a vivir un ritmo más tranquilo, tener tiempo con mis perritos, familia, ver dibujos, jugar un rato. Por años dediqué mucho tiempo a las agencias y, ahora que voy a tener 40 años, me pregunto en qué momento se me fue la vida. De aquí en adelante priorizo mi tiempo.
¿Hay algo nuevo que te emocione o que te gustaría probar como artista?
Formar mi propia escuela es uno de mis sueños. Estoy terminando de construir un taller en mi casa, es para dictar clase de modo directo con la persona. Me gusta mucho viajar a provincias, dar clases, charlas, capacitaciones, pues en Lima se centraliza mucho la educación de calidad. Algo que me gustaría es volver agarrar la mochila e irme a dictar talleres, como lo hice ya hace años, en Chile, Argentina, Bolivia, Uruguay.
Hoy se habla mucho de la IA. ¿Cómo ves este presente y futuro?
Me parece bien chévere la IA. La uso, se ha vuelto una dupla creativa para pimponear ideas. ¿Pero qué pasa? Cuando trabajas en una agencia, tienes gente con la cual vas a pensar, crear, pero cuando trabajas solo desde casa, ¿con quién piensas o conversas? Ahí me ayuda un montón. Es como ese amigo inteligente que te da información en bruto, pero cuando le das vuelta le pones el factor humano y la conviertes en algo nuevo. Me ayuda mucho para armar bocetos o esquemas de lo que quiero componer. A partir de ello empiezo a trabajar con mis propias manos.
¿Te has preguntado alguna vez qué pasaría si no fueras ilustrador?
Sería chef. Me gusta cocinar, soy muy bueno. La tengo clarísima, pues mi mamá tuvo restaurante toda la vida. Me gusta jugar en la cocina porque es bastante parecida al arte: es un espacio muy creativo, un laboratorio donde experimentas.
Sobre Carol Flores
Estudiante de Comunicación y Publicidad.






