El Nobel a Anne Carson llega parecido a una puerta que acaba de abrirse ante una escritura que no pidió permiso para pertenecer a un solo género. Carson nunca escribió preocupada por aquello que debíamos llamar un poema, un ensayo, una traducción o una novela. Escribió en ese lugar incómodo donde los géneros se rozan y dejan de obedecer.
En Nox, el duelo se convierte en archivo. En Autobiografía de rojo, un mito antiguo vuelve a respirar en el presente.
Ya lo dijeron en el fallo: «Por sus obras audaces e imaginativas, que en un diálogo lúdico con la tradición clásica han creado nuevas formas para la literatura contemporánea».
En La belleza del marido, el amor aparece sin el maquillaje de la literatura amorosa: contradictorio, inteligente, incómodo. La canadiense puede hablar de Safo, de los griegos, del deseo o de la pérdida sin convertir la erudición en pedestal. Eso me interesa especialmente como mujer y como poeta, que se reconozca esa desobediencia formal.
Las escritoras hemos tenido que aprender, durante demasiado tiempo, a justificar nuestras formas de mirar.
Hay algo profundamente político en esa libertad, aunque su literatura no necesite declararse política. Carson demuestra que la poesía puede contaminarlo todo: el ensayo, la narración, la traducción, una caja, una fotografía, un mito antiguo.
Y quizá esa sea una de las formas más interesantes de ganar un premio: no entrar en el canon, acaso hacer que el canon tenga que ensancharse para que quepas.
Me confirma, además, una sospecha: que todavía existen formas literarias que no sabemos nombrar. Y que una mujer puede inventarlas.
Sobre Ximena López Bustamante
Licenciada en Comunicaciones por la Universidad Científica del Sur. Obtuvo el Premio en Poesía de los Juegos Florales de su universidad (2015 y 2016), así como el Premio Fernando Cabieses con el reportaje de investigación «Caso MUNA». Su tesis tuvo el tema “El Nuevo Periodismo en el Perú: Caso revista Etiqueta Negra”.







