Michelle Luna Sánchez, conocida en redes sociales como Mich Luna, habla de fotografía como quien habla de un idioma aprendido desde la infancia. A sus 23 años, se desempeña como fotógrafa, directora de arte y creadora de contenido, colaborando con artistas musicales, marcas de moda y proyectos audiovisuales.
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Su trabajo abarca retratos editoriales, dirección de shootings, fotografía de conciertos y el desarrollo de proyectos personales donde explora sus emociones a través de un lenguaje visual íntimo y narrativo. Su estilo, caracterizado por colores intensos, atmósferas mágicas y una fuerte carga conceptual, la ha convertido en una referente para jóvenes fotógrafos en redes sociales, donde actualmente reúne cerca de 30 mil seguidores en Instagram.
Sin embargo, detrás de las imágenes cuidadosamente construidas existe una historia familiar que comenzó mucho antes de la plataforma, cuando las cámaras análogas de su abuelo llegaron a sus manos.
¿Cómo comenzó exactamente tu acercamiento a la fotografía?
Mi travesía en la fotografía comienza gracias a mi abuelo. Él era fotógrafo, hacía fotos de carnet, fotografías escolares y distintos trabajos. Mi papá fue su asistente y aprendió mucho sobre iluminación y cámaras. Cuando era niña, mi papá me enseñaba sobre fotografía y me prestaba cámaras para experimentar. Cuando tenía entre 12 y 13 años me entregó las cámaras de mi abuelo y ahí descubrí la fotografía análoga. Me fascinó. Después ingresé a talleres de fotografía y sentí que ese era mi lugar.
¿Por qué decidiste estudiar Comunicación Audiovisual?
Sentía que estudiar solo fotografía era muy cerrado. Primero quería estudiar Diseño Gráfico porque era la típica chica del colegio que hacía letterings y carátulas. Pero conversando con personas del mundo fotográfico me recomendaron Comunicación Audiovisual. Me gustó porque no me cerraba únicamente a la fotografía, sino que me permitía explorar otras áreas como dirección de arte, edición, animación e iluminación. Tenía 17 años y no sabía si la fotografía iba a ser para siempre.
Tu trabajo abarca fotografía editorial, retratos y dirección de arte. ¿Cómo describes tu lenguaje visual?
Mucha gente me dice que tengo un estilo muy narrativo y mágico. Me gusta construir mundos fuera de lo común, muy coloridos y llenos de texturas. Siento que en Perú muchos fotógrafos tienen un estilo más europeo, más limpio, con blancos, negros y beige. Está bien porque es un estilo, pero yo busco totalmente lo distinto. Quiero expresarme con los colores, las texturas y las expresiones corporales. Creería que mi estilo es medio mágico, colorido, glowy y con mucha narrativa, porque siento que es mi manera de comunicar cosas sin palabras.
¿Cómo llegaste a encontrar tu estilo?
Ha sido un proceso larguísimo. Cuando alguien comienza siempre quiere ser reconocido por un estilo, pero encontrarlo toma años. Desde 2020 he hecho de todo: ilustración, edición, color, dirección de arte, iluminación. Todo eso me ha enseñado mucho. Creo que uno encuentra su estilo explorando mucho. A mí me gustan mucho los dibujos y los mundos ficticios, los mundos mágicos y muy coloridos. Creo que eso me inspira. Una persona creativa no puede quedarse quieta en su propio mundo, tiene que explorar muchas cosas para descubrir qué le gusta. Esas cosas que te gustan terminan reflejándose en lo que haces.
¿Qué películas consumes cuando no estás buscando referencias de trabajo?
Soy mucho de Wes Anderson porque siento que me ayuda a desconectar la mente. Me encantan películas como Fantastic Mr. Fox o The Grand Budapest Hotel. También me gusta muchísimo el estudio Ghibli. Para inspirarme me encanta The Electrical Life of Louis Wain: esa película parece una pintura en cada fotograma. También me inspira mucho Almodóvar, sobre todo por cómo trabaja la dirección de arte y cómo mira a la mujer de manera muy profunda.
¿Cómo nació la idea de empezar a subir videos en Instagram?
Estoy en Instagram desde 2015. En esa época hacía video edits de BTS, Rubius, Germán Garmendia y muchos otros youtubers. Tenía una pequeña comunidad, algo que en ese momento era bastante raro, y la gente me pedía videos constantemente. Aprendí a usar Sony Vegas y After Effects desde muy chiquita, así que todo comenzó por ahí. Cuando aparecieron las stories de Instagram, empecé a mostrarme un poco más. En esa época no existía tanto el formato de reels como ahora. No había esta idea de crear un storytelling o hablar frente a la cámara sobre fotografía. Nunca comencé porque quisiera ser creadora de contenido. Simplemente era una niña jugando a ser youtuber.
¿Cuál fue el momento más duro en el que dudaste si tu proyecto tenía futuro?
Todo el tiempo siento que no vale la pena lo que hago. Creo que es algo de muchos creativos. Siempre pienso que otras personas están haciendo las cosas mucho mejor. A veces siento que necesito entrar a una productora o trabajar para una empresa, pero luego digo: “No, me está yendo bien”. Mi enamorado y mis amigas me dicen que me está yendo increíble, pero yo no lo veo. Creo que son cosas de uno mismo, que a veces se autosabotea porque siempre quiere más.
¿Cómo manejabas el estar construyendo todo esto, la fotografía, las redes, los proyectos, mientras todavía estudiabas o tenías otras responsabilidades encima?
El estudio para mí es un tema difícil no por un tema de que haya tenido complicaciones simplemente por un tema de que el lugar donde estudié no me gustó por muchos motivos, cuando llegué a cuarto ciclo, todo se fue un poco para abajo en cuanto a la enseñanza, sentía que los profesores no valían la pena como para darles mi todo. Estaba creciendo profesionalmente. Hubo un momento en el que colapsé porque estaba trabajando en una empresa, siendo freelancer y estudiando al mismo tiempo. Exploté.
¿Y qué pasó?
Mis papás me vieron muy mal y me dijeron que quizá era mejor llevar menos cursos para concentrarme más en mi trabajo, porque sentía que ya me estaba yendo relativamente bien. Desde la mitad de la carrera, el instituto pasó a un segundo plano. Igual me lo tomaba en serio porque trabajaba con mis amigos y no quería fallarles. Al final no terminé porque sentía que el instituto no me estaba sirviendo. Mis amigas incluso me dijeron: «Mitch, mejor salte, no te está sirviendo y tu papá está gastando plata por las puras». Fue una decisión complicada, mi mamá fue la que más se resistió porque quería que me graduara. Mi papá, en cambio, siempre fue más relajado y pensaba que en el mundo creativo no necesitas un cartón para demostrar lo que vales.
¿Cómo es trabajar como fotógrafa y directora de arte siendo mujer en la industria creativa peruana?
En un rodaje donde yo era la camarógrafa, alguien preguntó: “¿Una filmmaker? ¿Por qué una chica?”. Eso me dejó un mal sabor. Siento que, en general, las producciones siguen estando dominadas por hombres. Muchas veces las mujeres ocupan áreas como dirección de arte, maquillaje o vestuario. Espero que en el futuro sea normal ver a una mujer en cualquier área y que ya no sorprenda.
Tu portafolio incluye editoriales, retratos y proyectos personales. ¿Hay algún mundo que todavía no has explorado y te llama muchísimo la atención?
Me gustaría explorar el mundo del cosplay porque siento que mi estilo encajaría muy bien y hacer como un mundillo, la dirección de arte, dependiendo mucho de cómo es su personaje. También me gustaría trabajar en teatro, especialmente en la creación de afiches y campañas visuales. El teatro es muy conceptual y tiene muchísima dirección de arte, vestuario e iluminación. Me encantaría formar parte de ese mundo.
¿Qué le dirías a una chica de 17 años que quiere dedicarse a la fotografía?
Que pruebe todo, que use cualquier cámara que tenga y explore. Cuando uno comienza quiere tener clientes, un estilo definido y contactos. Pero, si recién estás empezando, esa es justamente la etapa en la que tienes que explorar absolutamente todo. Yo he hecho fotografía para madres, bebés, comida, prebodas, conciertos y muchas cosas más antes de descubrir lo que realmente me gustaba. Arriesgarse a tomar la foto, perder el miedo a fotografiar en la calle y aprender a dirigirse a sus modelos o clientes. En ese momento quizá ni siquiera tengas clientes, tal vez solo sean tus amigos, pero aprender a comunicarte con ellos también es importante. Al inicio puedes equivocarte de todas las maneras posibles para después saber cómo solucionarlo. Porque si uno no se equivoca al comienzo, nunca va a saber qué hacer cuando tenga un cliente grande.
Sobre Anyali Velasque
Estudiante de Comunicación y Publicidad.







