Por Tamara Tejada y Lucia Bonilla y Sofía Quispe julio 19, 2026

Centro Histórico de Lima. 3 de julio de 2026. Se juega el partido por 16avos de final del Mundial de Fútbol 2026 entre Colombia y Ghana. Estamos en el restaurante Estadio F.C. entre hinchas, cervezas, conversaciones.

«El Mundial es todo, es el deporte rey», dijo uno de ellos cuando preguntamos qué significaba este campeonato que se celebra cada cuatro años, mientras otro resaltó que este torneo genera espacios de comunión para disfrutar del fútbol.

Entre los hinchas del país cafetero había uno que hablaba portugués. Para él, el Mundial representaba “el deporte de todo el mundo”. Antes de terminar, aseguró que Brasil sería el próximo campeón del torneo. Otro seguidor, de forma conmovedora, describió el Mundial como «una experiencia hermosa» que le recordaba a su padre.  

«El Mundial siempre ha sido un sueño para todos los colombianos. Es lo que nos une en el país. Puede haber de todo, puede haber problemas políticos, pero juega la selección y todo el mundo se une. Todos vamos para el mismo lugar”, dijo un colombiano de paso por Lima, pero que estaba en el restaurante para apoyar a su selección.

5 de julio. En el restobar Media Naranja, Miraflores, más de 100 personas, en su mayoría con camiseta verdeamarilla, alientan a Brasil de Vinicius Jr. en su desafío contra Noruega de Haaland. Estos hinchas se reparten dentro y fuera del local, pero todos pudieron ver el partido gracias a la pantalla grande.

Hay varios brasileños de vacaciones en Perú y que están en este lugar para gozar en comunidad este partido, otros ya tienen tiempo viviendo aquí. 

“Ahora estoy lejos de mi familia y de mi mamá que es brasileña. He crecido viendo los mundiales con ellos en casa, con las caras pintadas y banderas”, comenta Mariana con nostalgia. Con doble nacionalidad peruana-brasileña, está rodeada de gente muy entusiasmada y encuentra el ambiente reconfortante. Siente que apoyar a esta selección es una forma de sentirse cerca a su familia, ahora a 4 mil kilómetros de distancia.

En el otro lado del restaurante hay un joven peruano viendo el partido con un amigo brasileño. “Me contagia mucho la alegría que los brasileños difunden al momento de disfrutar el fútbol”, afirma.

Queda claro que un torneo deportivo como el Mundial de la FIFA revela la necesidad del humano de pertenecer y conectar. Como explica el antropólogo Alex Huerta, el fútbol es uno de los pocos espacios en la actualidad que permite interacción directa en una era dominada por la virtualidad.

“El fútbol todavía mantiene esa idea de que, como compartimos una emoción tan fuerte, queremos verlo en grupo”, explica.

Huerta menciona que los seres humanos nos organizamos bajo rituales para sobrevivir y que, desde el Paleolítico, tienen como fin mantener unida a una sociedad. Pero en un contexto donde la comodidad con la tecnología nos lleva al aislamiento, el Mundial se vuelve un pretexto para juntarse con el otro, abrazarse con un desconocido y experimentar una emoción colectiva.

Para el exfutbolista peruano Carlos Orejuela sostiene que el Mundial, ciertamente, une a un país, incluso en los momentos más difíciles. 

«Hay países que pueden estar en crisis, como nos ha pasado a nosotros en Perú. En el 70, cuando hubo un terremoto muy fuerte, Perú clasificó y los futbolistas dedicaron el triunfo. Eso hace que te olvides un rato de lo mal que puede estar pasando el país y puedan unirse”, cuenta.

Para los que lo miran pot TV

El Mundial de fútbol masculino es el evento deportivo más lucrativo del mundo y la edición de 2026 en particular podría generar 13 mil millones de dólares para la FIFA (considerando el ciclo de cuatro años), gracias a la venta de entradas, los derechos de televisión, la publicidad y los patrocinios, principalmente.

Para tener una idea, las pausas para hidratación implementadas por primera vez en los partidos (“cooling breaks”) habrán generado entre 500 y 600 millones de dólares para las cadenas de televisión por concepto de publicidad. Un golazo desde el marketing, pero odiado por los fanáticos.

Esta necesidad de conectar puede ayudar a comprender por qué el hincha peruano es capaz de crear simpatizar con otras selecciones cuando la suya no está compitiendo. 

Es decir, la selección peruana de fútbol no asiste al Mundial desde Rusia 2018 y antes de eso habían pasado 36 años sin clasificar, pero los hinchas peruanos nunca han perdido la oportunidad de disfrutar el máximo torneo del balompié masculino. 

Las casas de apuestas lo saben, así como las redes sociales y los memes, y las vendedoras de ropa en Gamarra que hicieron su agosto con Haaaland y otras estrellas. Además, los índices de audiencia en este Mundial han crecido sostenidamente en Perú.

Esta ilusión por ver fútbol, aunque no juegue nuestra selección, no debería verse anormal. No es casual que hinchas peruanos lloren por las últimas hazañas de Lionel Messi, que vibren con los goles de Mbappe o que hayan alentado a Cabo Verde. El fútbol une a la gente de manera inesperadas.

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Sobre Tamara Tejada

Estudiante de Comunicación y Publicidad.

Sobre Lucia Bonilla

Estudiante de Comunicación y Publicidad. Disfruto escuchar a los Black Eyed Peas y jugar videojuegos por horas. Me apasiona la publicidad y el diseño.

Sobre Sofía Quispe

Estudiante de Comunicación y Publicidad.

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