Lucía Longaray no recuerda con exactitud cuándo aprendió a coser.
Nació en Jepelacio, un pueblo tranquilo con naturaleza por todas partes, a quince minutos de Moyobamba.
Creció rodeada de costales rebosantes de retazos que su madre y su abuela, costureras de oficio, acumularon durante años. Tiene 23 años, cursa el noveno ciclo de la carrera de Administración y lleva en la maleta, literalmente, la máquina de coser con la que trabaja.
En redes sociales es conocida como Grumpy Moon, una mezcla de un apodo familiar y una palabra que sonaba bien, donde ha logrado consolidar una comunidad con más de 3mil seguidores en TikTok y más de 4 mil en Instagram. Desde ahí confecciona a mano bolsos, monederos y accesorios únicos, irrepetibles, hechos con telas rescatadas de mercados de segunda o heredadas de las mujeres de su familia.
Aunque vive en Trujillo por estudios, Grumpy Moon también busca crecer y, por ello, además de ofrecer sus propias creaciones, comparte su talento brindando talleres presenciales en Lima.
El taller consiste en explicar paso a paso cómo armar un bolso desde cero, brindando a los asistentes la libertad de diseñar su propia pieza, cada participante puede elegir entre una gran variedad de opciones (como telas, imágenes, blondas, entre otros detalles) y acomodarlas a su gusto para llevarse una pieza totalmente personalizada.
Lucía habla de sus piezas como si cada una tuviera un destino distinto. No se aferra a ellas cuando salen de sus manos porque entiende que el valor cambia cuando alguien las hace propias. Tampoco siente la presión de encajar en ningún molde de lo que debería ser una emprendedora, una diseñadora o una creadora de contenido.
Desde el principio eligió mostrarse tal como es, y esa decisión, más que cualquier estrategia, es lo que sostiene a Grumpy Moon.
Entre retazos heredados, telas rescatadas y estampados de gatos, terminó construyendo algo más que una marca de accesorios: es una forma de preservar una historia familiar y darle nueva vida a materiales que otros descartarían.
¿La costura es algo que aprendiste de tu mamá y tu abuelita?
Sí, creo que aprendí más rápido a coser que a caminar. Ni siquiera lo recuerdo, solo sé que sé coser. Siento también a veces que está en mi sangre.
¿Cómo empezó Grumpy Moon y de dónde viene el nombre?
Mi familia siempre me fastidia diciendo que soy gruñona, sobre todo cuando era adolescente. Era la edad, creo, porque ahora ya no me considero así. Y grumpy es una manera de decir gruñona a alguien en inglés. Me gustó esa palabra y la complementé con moon porque simplemente quedaba bien.
¿Cómo consigues los materiales con los que trabajas?
Como mi mamá y mi abuelita son costureras, en mi casa siempre hay costales llenos de retazos a lo largo de los años que van recolectando de trabajos que hacen. Y es muy interesante porque es una mezcla de texturas, colores, de telas random. Y me gusta juntar esas telas, luego complemento con imágenes o algún detalle, y así como creo un bolso único. Ya como que estoy acabando los retazos de mi mamá y mi abuelita, a veces los domingos voy a donde venden ropa de segunda, al tianguis [cachina], y ahí compro, por ejemplo, una camisa a un sol. Y la camisa tiene patrones que no se encuentran fácil donde venden telas y me cuesta más barato. Y la tela que se usaba antes es de mejor calidad que la tela de ahora.
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Los gatitos aparecen en casi todo lo que haces. ¿Qué significan para ti más allá de la estética?
Antes hacía bolsos de cualquier tela, pero sin agregar imágenes. Y un día en el tianguis [cachina] encontré un short, parece que era americano, que tenía un print de gatos. Entonces, como el short era grande, porque era de hombre, decidí desatarlo y usar la tela para crear bolsos. Cuando lo publiqué, vi la reacción: muchos querían. Así empecé a averiguar y a estampar gatos.
¿La máquina de coser que usas tiene un valor especial para ti?
Sí, ya le agarré cariño. A veces, cuando vengo a Lima, y sé que me voy a quedar por más tiempo, la traigo en mi maleta. Esa máquina me ha acompañado en todo.
¿Desde qué edad la tienes?
Desde hace dos o tres años, porque tenía otra. En mi casa sobran las máquinas, si yo me llevo una, a nadie le va a hacer falta, porque hay cinco más.
¿Tu familia qué te dice sobre lo que haces?
Mi familia está orgullosa y feliz de que estoy haciendo algo que me encanta hacer. Porque yo también siempre digo que me gusta mi vida porque en verdad me encanta crear y mi trabajo, que pueda tener retribución económica de eso, porque ahora este es mi trabajo de tiempo completo. También obviamente es una gran responsabilidad, pero siento que puedo hacerlo porque en verdad lo amo hacer.
Al trabajar con piezas únicas e irrepetibles, ¿te cuesta desprenderte de ellas cuando las vendes?
La verdad no, porque puedo hacer diez mil carteras más, pero la persona que va a tener esa cartera no puede. Y eso le da más valor al pensar el valor que le va a dar la persona que la recibe al valor que yo le puedo dar.
¿Alguna vez alguna de esas carteras te ha tomado más tiempo de lo que esperabas?
Sí, una que otra porque la costura también se tiene que tener bastante paciencia, porque cuando te equivocas tienes que desatar y a veces desatar toma más tiempo que coser.
¿Cuánto tiempo te toma transformar las telas en una pieza terminada?
Si es un modelo único, empezando sin un rumbo, solo probando y viendo qué sale, unas dos horas. Pero si es un modelo que ya sé exactamente cómo voy a hacer, unos 20-30 minutos.
¿Cuál ha sido el mayor reto de mantener el proceso creativo sin perder la rentabilidad?
Hace años tenía otra página que estaba enfocada a Moyobamba y no tenía la audiencia que tengo ahora, porque allá tienen otra manera de pensar, solo usan si algo está de moda o no se atreven a innovar. Y eso creo que fue chocante para mí, sentir que lo que estaba haciendo no era valorado. Pero ahora siento que no me importa seguir tendencias ni nada, porque sé que igual, si no estoy en tendencia en lo que hago, sé que va a haber alguien que lo va a valorar. En cuanto a rentabilidad, actualmente Grumpy Moon sí se mantiene bien. Siempre estoy innovando y también diversificando mis ingresos, como por ejemplo cuando vengo a ferias, haciendo los talleres y así es como que intento ampliarme poco a poco.
¿Cómo ves el diseño independiente y la moda circular en el Perú hoy?
Creo que en la actualidad más personas se atreven o están valorando más que antes lo que es hecho a mano y lo que es único. Si alguien ve diez carteras iguales, por ejemplo en H&M, y una cartera que es única, upcycling, creo que va a valorar más la que es única.
¿Hay algo de la industria o del consumidor que te gustaría que cambiara?
Creo que no porque desde el principio me he mostrado tal y como soy y por eso creo que hay gente que me valora por eso, así que no me siento con la presión de que tengo que encajar en algún lugar.
¿Qué proyectos tienes en mente para Grumpy Moon?
Lo que está en mi mente de proyectos es abrir una propia tienda, así sea chiquita no importa, pero sí quisiera que tenga dos espacios para que en la misma tienda un espacio sea solo tienda y productos y en el otro espacio pueda tener una mesa grande para dar talleres.
¿Qué mensaje te gustaría que se lleve cada persona que usa una de tus piezas?
Que puedas ser tú mismo y elegir lo que te gusta a ti sin sentirte influenciada por lo que le gusta al resto o como se viera para el resto. Más que todo, confiar en tu propia esencia y mantenerla usando cosas que sientas que van acorde a eso.
Sobre Anyali Velasque
Estudiante de Comunicación y Publicidad.







