Por Stephany Saca y Fabia Nevado febrero 13, 2026

Mercado de Lurín. Diciembre. A pesar del calor y el sol que le cae como ave de rapiña, una mujer ofrece animales silvestres a simple vista. Carga en el brazo izquierdo a un pequeño loro amazónico conocido como pihuicho (Brotogeris versicolurus).

Aunque parecía estar libre y cómodo en el brazo de la vendedora, el pihuicho tenía las alas cortadas. En su mano derecha, la mujer lleva táper de plástico transparente donde se observan seis tortugas de agua, apiladas unas sobre otras.

El precio de cada tortuga es S/20 y el del pihuicho, S/80.

Esta es una escena cotidiana en muchos mercados y calles del país. A la vez es una precisa fotografía de una realidad constante y triste: el tráfico ilegal de fauna silvestre no opera desde la clandestinidad total, sino que se luce en calles públicas y transitadas.

3700 animales silvestres fueron víctimas del tráfico ilegal entre enero y octubre de 2025

Entre los años 2000 al 2018 se decomisaron alrededor de 80 mil especímenes vivos de 342 especies distintas en el país. Además, entre enero y octubre de 2025, se reportaron más de 3700 animales silvestres que fueron víctimas del tráfico ilegal, ya sea vivos, muertos y disecados.

Detrás de estas cifras hay historias de animales que fueron arrancados de su hábitat y sometidos a un estrés en condiciones inadecuadas, sin contar que, en muchos casos, son condenados a una vida de cautiverio permanente o la muerte.

Los animales más traficados responden a una urgencia del mercado que lo solicita. Primates como los monos, aves como los loros y reptiles como tortugas o iguanas son algunos de los más demandados como “mascotas exóticas” y, lo más triste, normalizado.

El tamaño, edad y la vulnerabilidad que muestran son interpretadas como características “tiernas”. Consideremos que muchos son arrancados de su hogar cuando son crías, en vista de que son más fáciles de transportar y su mayor costo de venta al ofrecerse como especie “bebé”.

Arrancados del hogar

Pierina Muñoz, practicante profesional de la carrera de Medicina Veterinaria y Zootecnia, presenció las consecuencias del tráfico de animales cuando trabajó en el Serpentario Animals Paradise, ubicado en Tingo María.

Allí conoció a Abu, un mono choro de 15 años que hoy vive en el centro de rescate sin la mínima posibilidad de reinsertarse a la vida silvestre.

Abu fue comprado ilegalmente por una familia en Iquitos y trasladado a Tingo María mediante redes de tráfico ilegal. Vivió durante años como mascota dentro de una casa.

“Los monos choro necesitan sol, temperatura adecuada y una alimentación basada en proteína, frutas y vegetales verdes”, explica Pierina.

Sin embargo, Abu tenía una alimentación basada en arroz, papaya y, de vez en cuando, un huevo.

No fue raro que Abu desarrollara estrés crónico, comportamientos alterados y extensas zonas de alopecia, una enfermedad dermatológica que consiste en la pérdida excesiva del pelo, que, con el tiempo, se volvieron irreversibles.

Actualmente, Abu recibe una alimentación y cuidados veterinarios correctos, pero no puede ser liberado porque está “improntado”, es decir, está tan acostumbrado al ser humano que no sabría sobrevivir solo o con otros de su especie. Dicha conducta lo pondría en peligro en la selva.

Abu, además, es agresivo frente a los hombres, tal vez por el maltrato recibido en casa. Solo interactúa con mujeres y se estresa constantemente por la llegada de visitantes, lo cual es necesario, ya que la sostenibilidad del Serpentario depende del turismo.

Abu no es el único caso, sin duda. Coqueta, una tortuga motelo de 17 años, es también residente en Animals Paradise tras pasar casi toda su vida en una casa.

Durante años, Coqueta cargó con una correa en el caparazón, lo cual provocó una deformación permanente. Según cuenta Pierina, cuando fue entregada al Serpentario tenía, además, salmonela, hongos y el caparazón deformado sin posibilidad de ser corregido. Al igual que Abu, Coqueta jamás podrá regresar a su entorno.

Mateo, un mono nocturno adoptado como mascota por un influencer, falleció en diciembre pasado

Un sistema que no se detiene

Ambas historias tienen algo en común: fueron comprados. No nacieron para ser mascotas, pero alguien así lo quiso y pagó el precio por ello. Esta ruta no termina en el cazador o el vendedor ambulante que lo ofrece, sino en el comprador, que no dimensiona el enorme sistema ilegal que alimenta y renueva constantemente.

Hay figuras públicas que muestran animales silvestres en redes sociales. Por ejemplo, Giancarlo Cossio, conocido conductor de podcast «X No Decirlo» e influencer con 110 mil seguidores en Instagram, suele compartir publicaciones sobre Simón, un pequeño mono ardilla que debería vivir en selvas tropicales de América Central.

Cossio muestra a sus seguidores cómo le pone ropa, le da de comer o incluso se graba durmiendo junto a él. Estos videos pueden superar las dos mil visualizaciones en su cuenta de TikTok.

El influencer Joao Alberto tiene un perfil con más de 5 mil seguidores en TikTok, totalmente dedicado a su mono nocturno llamado Mateo. Ahí cuenta historias en vivo sobre cómo el animal llegó a su hogar. Las personas que han cuestionado que Mateo esté fuera de su hábitat natural han sido bloqueados de la transmisión.

Con videos que sobrepasan las 34 mil visualizaciones, Joao tiene una comunidad de seguidores llamada Team Mateo, quienes comparten en WhatsApp imágenes del mono durmiendo, comiendo y usando pañales para bebés, además de avisar cuando Joao está transmitiendo en vivo en TikTok.

El pequeño Mateo falleció en diciembre de 2025, como bien dio a conocer el propio Joao Alberto.

¿Qué dice la ley?

El “éxito” en redes sociales parece reforzar la idea de que criar animales silvestres es aceptable o inofensivo, lo cual normaliza esta práctica.

Beatriz Franciskovic, abogada especialista en Derecho Animal, explica que la legislación peruana sí contempla sanciones para la tenencia y comercialización de fauna silvestre, prácticas que están tipificadas como delito, pues el artículo 308 del Código Penal establece penas de prisión para quienes adquieren o mantienen animales silvestres sin contar con los permisos correspondientes.

Asimismo, la Ley N.º 29763, Ley Forestal y de Fauna Silvestre, regula el uso sostenible y la protección de estos animales, prohibiendo su posesión.

Asimismo, la Ley N.º 30407, Ley de Protección y Bienestar Animal, establece que los animales silvestres mantenidos en cautiverio no pueden ser tratados como mascotas y están sujetos a normas específicas, considerándose así una infracción grave la posesión sin los permisos correspondientes, con sanciones que incluyen multas de elevado precio.

A pesar de estas normas, la tenencia de animales silvestres en hogares continúa estando presente en nuestro país, evidenciándose un enfrentamiento entre la legislación existente y su cumplimiento.

Isaac Peña, abogado y cofundador de Derecho Animal en Perú, señala que la norma alcanza a quienes adquieren o mantienen animales silvestres cuando saben que su origen es ilegal.

En estos casos, la pena va de tres a cinco años de prisión, y a partir de los cuatro años puede convertirse en una condena efectiva de cárcel. Además, advierte que dependiendo de las condiciones en las que se mantenga al animal, también podrían configurarse delitos vinculados al abandono o la crueldad animal.

Por otro lado, hay instituciones que defienden los derechos animales. A nivel nacional, el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) y el Organismo de Supervisión de los recursos Forestales y de Fauna Silvestre (OSINFOR), adscritos al Ministerio del Ambiente, se encargan de la supervisión y el control.

Asimismo, hay agentes de la Policía Nacional del Perú y fiscalías especializadas en delitos ambientales que intervienen cuando estas prácticas ya configuran una falta penal.

Lo cierto es que los animales silvestres siguen siendo alejados de sus hábitats porque muchas personas los quieren como mascotas. Aunque existen leyes, sanciones e instituciones que los protegen, la demanda no ha disminuido.

Mientras no sean vistos como animales que deben vivir en las condiciones que la naturaleza ha determinado, su venta y tenencia continuará repitiéndose.

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Sobre Stephany Saca

Estudiante de Comunicación y Publicidad. Publicista de carrera, periodista de corazón. Adicta a contar historias y cuestionar todo. Alzo la voz (y escribo) por aquellos que no pueden. Expectante por el futuro y creyendo que lo mejor está por venir. Pet lover queriendo ser millonaria para salvar a todos.

Sobre Fabia Nevado

Estudiante de Com unicación y Publicidad.

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