Por Lucia Bonilla febrero 06, 2026

Los niños de la Generación Z teníamos hermanos, primos y otros familiares que veíamos jugar PlayStation por horas hasta que fuera nuestro turno, que por cierto a veces nunca llegaba. Pero el hecho de verlos divertirse ya era entretenido para nosotros. Además, mientras ellos crecían y dejaban de jugar, yo empezaba a fascinarme con esa tecnología que nos tocaba heredar. 

Tenía 8 años cuando empecé a jugar con la PlayStation (PS2) de mi hermano. Fui feliz entre 2014 y 2017, antes de que le cayera agua, se malograra por completo y la botaran junto a todos los discos de juegos. Desde entonces anhelé volver a esa consola por los buenos recuerdos forjados en tiempos menos complicados. 

Mis hermanos mayores, que vivieron la época dorada de los videojuegos entre los años noventa y la primera década del siglo XXI, me enseñaron sobre consolas. Teníamos emuladores de Gameboy y Nintendo 64 en la computadora, algo bastante común sí querías disfrutar videojuegos sin tener las consolas. Títulos como Pokemon Stadium, Super Mario World Yoshi’s Island eran mis favoritos. 

Lanzada en el año 2000, la PS2 fabricada por Sony es la consola más vendida de la historia con más de 160 millones unidades regadas en el mundo. Obtuvo éxito no solo porque fue la sucesora de la mítica PS1, sino una revolución en el mundo de las consolas: además de mejoras gráficas evidentes, permitía reproducir discos DVD y contaba con modo multijugador online.  

Juegos icónicos para este dispositivo fueron Grand Theft Auto: San Andreas y Vice City, la cadena de Guitar Hero, Twisted Metal, Resident Evil 4, Metal Gear Solid 3, God of War I y II, y muchos más que marcaron a quienes lo jugaron en su adolescencia y quienes aprendían a jugar en su niñez. 

La PS2, además, es un lindo recuerdo de mi papá, quién nos llevaba a mis hermanos y a mí a comprar discos piratas en una tienda que estaba dentro del mercado cerca de mi casa. Un sol costaba cada videojuego, cuando la versión original se conseguía en diez, veinte, treinta o más dólares. Es de los recuerdos que más atesoro de cuando estaba conmigo, antes de partir hace unos meses. Tiempos tranquilos, los problemas parecían no existir. Solo me preocupaba pasar el nivel medio de Guitar Hero III, me asustaba por tocar The Fire And The Flames al terminar la historia o llegaba a casa feliz para golpes en San Andreas. Pasaba horas y horas frente a la televisión sin hacer una tarea del colegio. 

¿Se pueden conseguir juegos para esta reliquia en pleno 2026? Claro, el lugar perfecto es el Centro Comercial Polvos Azules. Si bien la versión vigente es la PS5 lanzada en 2020, hay varias tiendas que venden consolas retro -y sus respectivos videojuegos-, pero debidamente reacondicionadas para disfrutarlas en tu televisor moderno. Como bien han observado varios reportes periodísticos, no es raro que la Generación Z esté enganchada con tecnología vintage, ya sea por nostalgia, moda o cansancio ante tanto estímulo digital. En mi caso, mis hermanos me acompañaron a Polvos Azules para comprarme una PS2 chipeada (puedo usar cualquier juego sin necesidad de que sea el original).  

¿Valió la pena gastar por una consola de hace 25 años, que existía incluso antes de que yo naciera? Totalmente, pues me sigue entreteniendo. Está algo golpeada y tiene un transformador de voltaje que pesa un montón, pero no puedo estar más contenta. Juego sin importar la calidad de video o el audio, con un mando que nunca se le va a acabar la batería como los DualShock actuales, con juegos que no me obligan comprar algún DLC -contenido extra descargable- para seguir jugando o ver anuncios dentro de la experiencia. Los videojuegos de antes eran creados para entretener, más que para vender. Quienes tuvimos estos en nuestra niñez o adolescencia, atesoramos esos momentos.  

Para mí, lo más preciado que tenemos son los recuerdos. Tener algo que reviva momentos pasados es triste a veces, pero a la vez muy bonito. Daría lo que fuera por tener 8 años otra vez, pero intento recuperar algo de esa felicidad con mi querida PS2.  

Tags:
Autores
Sobre Lucia Bonilla

Estudiante de Comunicación y Publicidad. Disfruto escuchar a los Black Eyed Peas y jugar videojuegos por horas. Me apasiona la publicidad y el diseño.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*