
Adrián tenía apenas 3 años cuando le diagnosticaron autismo de grado 2. Mi mamá fue la más afectada con la noticia. Al igual que mi abuela, su papá lo tomó muy a la ligera y no quería aceptar su condición. Durante los siguientes días el ambiente en casa era muy tenso, ya que mi mamá se la pasaba llorando pensando en cómo haríamos ante tal situación. Se venían gastos enormes.
Sin embargo, con el pasar de las semanas mi mamá y yo investigamos el tema. Buscamos centros de terapia especializados en Trastorno del Espectro Autista (TEA). Queríamos estar bien informadas para actuar correctamente, ya que según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada 100 niños es parte del Trastorno del Espectro Autista.
El autismo es una condición que afecta el desarrollo del cerebro y causa problemas en la interacción social y la comunicación.
Yuri Cutipé, director de Salud Mental del Ministerio de Salud (Minsa), detalló que el 81% de personas tratadas por autismo en Perú son varones. Aunque en la última década, la tasa de autismo en niñas aumentó. También se está diagnosticando en mujeres adultas, lo que plantea dudas sobre cuántas niñas siguen sin ser diagnosticadas o cuántas han recibido un diagnóstico erróneo.
El autismo de grado 1, el más leve, se caracteriza por las diversas dificultades en la interacción social, pero con menos problemas al comunicarse verbalmente y sin retrasos en el desarrollo cognitivo. Con un apoyo constante, ellos pueden llevar una vida independiente. El autismo de grado 2 implica contar un apoyo puntual para desenvolverse. Aunque pueden desarrollar la comunicación verbal, es limitada. Por último, el autismo de grado 3 es el más grave de todos, ya que requiere de un apoyo constante en la vida diaria. Estas personas pueden tener serias dificultades al momento de comunicarse o comportarse, pues a menudo sus conductas son repetitivas e intensas.
La cotidianidad con mi hermano no es nada del otro mundo, pues su condición no es tan severa. Con Adrián los días son más vivos, cálidos y sobre todo graciosos porque cada día él aprende cosas nuevas en el colegio. Claro, tiene sus días malos. Por ejemplo, cuando está concentrado armando sus bloques, basta con que se le caiga uno solo para que se irrite y tire todo. Cuando pinta y se le parte la crayola, rompe la hoja y llora.
Lo cierto es que Adrián no es totalmente independiente. Aún no sabe quitarse o cambiarse de ropa para dormir y no va al baño por sí solo. Cada vez que salimos al parque o cualquier otro lugar, tenemos que agarrarlo de la mano porque, si no, sale corriendo para otro lado. Todavía no formula oraciones largas y no entabla una conversación entendible con otros niños o adultos.
Mi mamá trató de sobreproteger a Adrián durante un tiempo, tratando de no alzar la voz o evitando llamarle la atención cada vez que él se portaba mal. Bienintencionada, no quería que, por su condición, se cohíba o se aísle. Basada en mi experiencia y dando la razón a los expertos, no creo que debamos sobreproteger a los niños con autismo, pues eso puede limitar el desarrollo de su independencia.
Tener un hermano autista no es una carga. He aprendido a celebrar cada progreso de Adrián con ayuda de las terapias. Con él todos los días son pura risa y cariño. Supo cómo unirnos más como familia y enfrentar los desafíos que tuvimos que pasar desde hace un año. Estoy eternamente agradecida con él y lo amaré toda mi vida.

Sobre Camila Valverde
Estudiante de la carrera Comunicación y Publicidad. Me gusta bastante la fotografía. Sé hacer todo tipo de postres y escuchar música.