Por Alexandra Montenegro Arevalo agosto 14, 2021

Andrea y Pía se conocieron realizando un voluntariado en Cusco. Ahí compartieron el sueño de tener una escuela gratuita en la cual diferentes personas del mundo pudieran compartir con los niños. Pía ya había estado en la selva y conocía una comunidad, así que decidieron ir ahí. “Fuimos allá, les contamos el proyecto que teníamos en mente y se alegraron un montón, tenían muchas ganas de tener esta oportunidad, para ellos es un enriquecimiento no sólo cultural sino también económico porque estamos hablando de comunidades que están aisladas de la ciudad, ellos no tienen un movimiento económico natural como se tiene en las ciudades”, cuenta Andrea.

Fuente: Proyecto Iquitos

Para llegar a la comunidad se debe tomar un bote desde el puerto Nanay, en la ciudad de Iquitos. Los voluntarios se alojan en una pequeña casa en la cual por un pago de 25 soles diarios se les brinda desayuno, cena y cama. Con dicho monto es que se logra que el proyecto sea sostenible. Se vive de forma muy sencilla y se tiene mucha conexión con la naturaleza.

Es importante que los niños tengan un espacio donde puedan jugar, aprender y sobre todo ser ellos mismos, se realizan juegos cooperativos que permiten a los niños crecer en un ambiente seguro de apoyo mutuo y lleno de amor. La escuelita no busca reemplazar la educación tradicional pero sí fortalecer sus habilidades blandas. Abre de lunes a viernes de 2pm a 6pm y asisten niños de entre 0 a 17 años. Cuentan con una biblioteca comunitaria, una escuelita para los niños  y una radio en la que se está trabajando con los adultos de la comunidad.

Este es un proyecto que impulsa el empoderamiento comunitario y sus fundadoras esperan en algunos años poder dejarlo a cargo de la comunidad de Santa Clara y que sean ellos quienes lo manejen.

Andrea Suárez: “Cuando quieres hacer algo que nace desde el corazón y no desde la ambición, sino para entregar al mundo, el mundo te lo devuelve también con personas maravillosas que te vas encontrando”

Para Andrea, es de vital importancia fortalecer el autoestima y el amor propio de todos sus estudiantes: “Yo no puedo cambiar de un día para otro que el niño deje de ayudar en el trabajo pero sí puedo asegurarle a ese niño que va a tener amor, que va a tener un espacio donde pueda ser él y que sus papás poco a van a ir entendiendo que aunque trabajen no dejan de ser niños”.

En esta oportunidad, Andrea Suárez, una de las cofundadoras de esta cautivadora iniciativa nos brindó parte de su tiempo para compartir toda su experiencia sobre el desarrollo y progreso de esta pequeña escuela.

¿Fue difícil hacerlo realidad?

Andrea Suárez: Creer en el sueño no es complicado pero luego no dejan de haber inconvenientes que se van presentando con el tiempo. Es un proyecto autosostenible, no recibimos apoyo del estado ni de ninguna ONG, todo proviene de la casita de voluntarios.

¿Cuál ha sido el mayor desafío que han tenido que afrontar hasta ahora?

AS: Estamos en una comunidad muy aislada, dependemos mucho del movimiento de voluntarios, si en algún momento no tenemos voluntarios la escuelita va a seguir funcionando pero nos limita mucho a lo que podemos ofrecerle a los niños.

Luego, desde una experiencia más personal está el trabajo infantil, tu puedes vivir con el pensamiento de que los niños no deben trabajar pero llegas a una comunidad con una realidad diferente donde el niño trabaja o el niño no come. Nos dimos cuenta que los niños estaban trabajando sacando madera y se llegó a un acuerdo con la persona que los contrataba, los niños podían apoyar en casa con su trabajo pero que no interrumpiera en su horario de aprendizaje. Son muchas cosas que te vas encontrando en el camino, hay retos personales con cada familia y una busca como darle solución sin romper su tradición cultural porque la idea es que sea un proyecto comunitario.

¿Cómo se aseguran de que el proyecto esté obteniendo los resultados que buscan? ¿Cómo lo corroboran?

AS: Ahora lo llevamos de forma experimental aunque al principio llevamos un registro, se les hizo a los niños y familias algunas encuestas. Al día de hoy es algo visual. Ves que cada vez los niños asisten más porque las familias se han dado cuenta de la importancia de que los niños tengan ese espacio y que lo disfrutan, notas que la comunidad le está dando valor al proyecto, si un niño quiere estar en ese espacio, si una mamá piensa que su hijo merece estar ahí y no trabajando, si empiezan a coger libros y los niños entre ellos se relacionan ya se vuelve algo completamente visual.

Fuente: Proyecto Iquitos

El programa de voluntariado está abierto al público todo el año, el único requisito es ser mayor de edad y tener todas las ganas de sumar en la vida de estos pequeños, si quieres vivir esta experiencia puedes escribir a  iquitos.proyecto@gmail.com y también los encuentras en redes sociales.

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Sobre Alexandra Montenegro Arevalo

Estudiante de Comunicación y Publicidad. Creo fielmente en que podemos lograr grandes cambios con pequeñas acciones. Seguidora del UCM.

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Comentarios
  1. Junior M. dice:

    Que bonito contenido y gran iniciativa, felicidades por eo y esperemos que más gente se contagie de tan noble generosidad.

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