Por Stephany Saca octubre 07, 2026

Una vez viendo TikTok, me apareció el video de una creadora de contenido que hablaba sobre la campaña del Día de la Madre de Falabella protagonizada por Anahí de Cárdenas y los múltiples comentarios despectivos que recibió.

En el comercial, la actriz compartía su experiencia como madre y mostraba algo que estamos acostumbrados a ocultar: una maternidad imperfecta y alejada totalmente del “súper mamá que se sacrifica y puede todo”. A raíz de esto, muchos bombardearon las redes con críticas del por qué alimenta a su bebé con fórmula y no con leche materna, tildándola de “mala madre”.

No es ningún secreto que Anahí no puede amamantar debido a las 2 mastectomías que se realizó debido al cáncer de mama diagnosticado en 2019 (ella mismo lo ha contado).

Aún así, usuarios en redes decidieron opinar desde la superioridad moral.

Ahí tenemos un problema. Vivimos en un país donde hay una necesidad, enfermiza me atrevería a decir, de encajar a las mujeres dentro de un prototipo tradicional. Es por eso que me sorprende el rechazo que tenemos como sociedad a campañas publicitarias que intentan romper estereotipos.

En lugar de que estos sean el espacio ideal para tener conversaciones más humanas y extender nuestro pensamiento, terminamos enfrentándonos unos a otros y castigando todo lo que salga del prototipo “correcto”.

Esta reacción ha demostrado algo mucho más profundo: como sociedad aún esperamos que la publicidad siga maquillando la maternidad como perfecta y de ensueño.

En una entrevista para Mercado Negro, Silvana Musante, gerenta de Marketing y Sotenibilidad de Falabella, reconoció que “las marcas hemos sido históricamente parte del problema, porque hemos contribuido a construir y reforzar estereotipos, no solo en torno a la maternidad, sino también en cómo representamos a las mujeres en general”.

Durante décadas, la publicidad no ha sido el mejor aliado de las mujeres. Mostraba a madres que nunca se cansaban y que siempre vivían para sus hijos. Por eso, cuando sale una campaña como la de Falabella en pleno siglo XXI, queriendo romper este prototipo impuesto y mostrar algo real e imperfecto, hay ataques.

Y, de hecho, esta campaña nació de una tensión social real que identificaron.

Musante cuenta que Falabella identificó la carga emocional y silenciosa de culpa que tienen las madres frente a unos estándares sociales poco realistas. Este comercial no inventó un problema para hacer una publicidad “más chévere o mediática”, sino que visibilizó una presión real que viven muchas mujeres, pero que no mostramos en la publicidad peruana.

Y se está ignorando lo más básico: no todas las maternidades son iguales. Hay madres con depresión posparto, solteras, que tienen que trabajar, que no pueden dar de lactar porque ponen en riesgo su salud o simplemente que quieren criar a sus hijos diferente. Pretender que todas calcen en un mismo molde es absurdo.

Un estudio publicado en la Revista de la Facultad de Medicina Humana de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos concluyó que la lactancia materna está influenciada por distintos factores sociales, familiares y médicos, como el apoyo durante la gestación, tipo de parto y entorno de la madre. Si estos factores son alterados, afectan la continuidad de la lactancia. Estas decisiones no dependen solo de “voluntad” de la madre, sino del contexto social y emocional que viven.

Y esto no significa que la lactancia materna exclusiva no sea importante. La OMS garantiza que la leche materna tiene anticuerpos que protegen a los bebés de enfermedades infantiles, aporta nutrientes, entre otros. Además, dar de lactar tiene menos probabilidades de cáncer de mama y ovario. Pero, una cosa es promover información médica y otra diferente es hacerla una herramienta para atacar.

Algunos apoyan estas críticas porque “las marcas normalizan malas prácticas”, “la publicidad debe mostrar valores correctos” o “las campañas ‘inclusivas’ solo quieren polémica para vender más”. Y es cierto que muchos usan estos discursos como estrategia comercial, porque las marcas no son activistas, buscan conectar con consumidores y ganar visibilidad.

Si hay algo que como sociedad debería incomodarnos no es una madre dando fórmula o saliendo de fiesta, sino lo fácil que las redes convierten la maternidad en juicio y violencia. Hablamos muchísimo de salud mental, empatía y respeto, pero basta una decisión diferente para que tiren la primera piedra disfrazada de “opinión”.

El problema nunca fue el comercial, siempre fue que todavía hay personas incapaces de salir de su burbuja y aceptar que una mujer puede ser buena madre incluso cuando no encaja en el prototipo de mujer que se les enseñó desde pequeñas.

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Sobre Stephany Saca

Estudiante de Comunicación y Publicidad. Publicista de carrera, periodista de corazón. Adicta a contar historias y cuestionar todo. Alzo la voz (y escribo) por aquellos que no pueden. Expectante por el futuro y creyendo que lo mejor está por venir. Pet lover queriendo ser millonaria para salvar a todos.

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