Por Alina García julio 25, 2026

En febrero de este año, Dean Acosta se hizo viral. Más de 250 mil personas dieron like a un video que publicó en Instagram en el que narra, con mucho humor, cómo es ser una persona en silla de ruedas cuando tiene que viajar en el Metropolitano de Lima, Perú. 

 

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Si bien en redes sociales comparte situaciones cotidianas donde desea visibilizar las dificultades que enfrentan las personas con discapacidad, su pasión es el deporte: forma parte de la selección nacional de boccia paralímpica. Ganó la medalla de Oro en Challenger de Boccia, Chile. 

En tus primeros años como deportista, ¿cuál fue el mayor reto que enfrentaste? 
Enfrentarnos a rivales de alto nivel internacional con la poca experiencia que teníamos en ese tiempo. Estábamos luchando por clasificar a los Juegos Parapanamericanos Lima 2019 y teníamos que competir contra países mucho más preparados que nosotros. La boccia en Perú recién comenzó en 2014, y mi categoría empezó entre 2017 y 2018.  

Entiendo.
Brasil, por ejemplo, tenía como ocho años más de recorrido que nosotros. A pesar de eso, en el Ranking Open, que fue una competencia en Argentina en noviembre de 2018, pudimos ganar a Estados Unidos y Chile. Ahí obtuvimos la primera medalla para Perú en boccia, que fue una medalla de bronce en la modalidad de parejas. Gracias a esa medalla pudimos seguir luchando por los cupos para Lima 2019. 

¿Qué te ha enseñado el deporte? 
Que cada tiro y cada jugada son importantes, pues nunca sabemos qué pasará. Y como no sabemos, lo único que podemos controlar es el presente. Si no quieres lamentarte o sentirte triste en el futuro, tienes que dar lo mejor en el presente. Cada tiro debe hacerse como si fuera el último. 

¿Cuándo decidiste compartir tu historia en redes sociales? 
Antes de la pandemia, en mi último año escolar. En ese tiempo no tenía presupuesto y yo mismo editaba los videos. Me demoraba hasta un mes y medio editando videos largos que casi no tenían vistas. Entonces, lo dejé y regrese a la boccia. Recién este año, las experiencias negativas en el Metropolitano, como personas que no respetaban el espacio reservado o intentaban entrar cuando la puerta ya se estaba cerrando, fueron el detonante para crear contenido. Cuando contaba esas anécdotas en mi casa, mi familia me decía que las compartiera en redes sociales. 

Buena idea.
Mi tía, quien consume mucho contenido en redes, me animó a editar videos. No tenía tiempo, pero tenía un compañero que estudió producción audiovisual, así que le pregunté si podía editar mis videos, aceptó y comenzamos a grabar.

¿Qué tal les fue?
No pensamos tener vistas. Mi primer video tuvo 500 vistas. El segundo tuvo mil vistas y el tercero alcanzó 14 mil vistas en 14 minutos. Ahora ese video ronda el millón doscientas mil vistas. Estoy muy agradecido por el cariño de la gente, porque este contenido demuestra que sí les interesa conocer estas experiencias. Cuando cuento mi historia, muchas personas empatizan conmigo, algo que hace algunos años era imposible.  

¿Qué cambió en tu vida al convertirte en influencer? 
Mi forma de actuar y mi temperamento. Cuando pasaba una situación incómoda, reaccionaba de forma más impulsiva. Muchas veces grababa situaciones más agresivas y, cuando las publicaba, no tenían vistas. Antes de crear contenido, llenaba libros de reclamaciones por estos problemas, pero nunca respondían. Luego entendí que los videos eran una mejor forma de sensibilizar y visibilizar estas situaciones. He visto un cambio, tanto en usuarios del Metropolitano cono en la sociedad. Sin embargo, me gustaría ver mejoras en temas de seguridad.  

¿Qué mensaje buscas transmitir? 
Mi objetivo es sensibilizar a las personas. Más que verme como “pobrecito”, es visibilizar que todos somos iguales. Busco transmitir igualdad, demostrar que podemos hacer lo mismo que todos, incluso bromear. 

¿Qué dificultades enfrentas al movilizarte por la ciudad? 
Innumerables. La ciudad no está diseñada para las personas, sino para los carros. A menudo no hay rampas y, cuando existen, los carros bloquean los cruces. Si caminar es difícil para muchos, para nosotros puede ser imposible. Más allá de lo material, el cambio real empieza en lo moral y ético: en la forma de pensar de cada persona. Por ejemplo, si alguien no necesita un asiento reservado, no debería ocuparlo. Acciones así ayudan a construir una mejor sociedad. 

¿Qué opinas sobre la accesibilidad en el Perú? 
No diría es nula, ya que hay espacios que cuentan con algunas adaptaciones. Sin embargo, si vemos el panorama general, la accesibilidad sigue siendo poca. Todavía existen muchos lugares, incluso turísticos y reconocidos, que no tienen rampas, información en braille ni atención en lengua de señas. Por eso creo que aún queda mucho trabajo por hacer para lograr una verdadera inclusión. 

¿Crees que el Perú ha avanzado en inclusión desde que eras niño? 
Ha avanzado de manera irregular. Cuando era pequeño, recién se empezó a hablar más sobre la accesibilidad e inclusión. En el nido, mientras mi profesora jugaba con mis compañeros, solía estar sentado en un rincón armando rompecabezas. Mis padres y yo nos cansamos de eso y empezamos a buscar colegios especializados. Una vez fuimos a un colegio cerca de donde vivíamos y la directora nos dijo que, pese a tener vacantes, no me aceptarían por mi discapacidad. Fue una experiencia muy dura.  

Me imagino. 
En ese tiempo denunciar por discriminación era una pérdida de tiempo y dinero, así que no hicimos nada. Entonces, si comparo esa época con la actualidad, creo que ha mejorado porque ahora vemos estudiantes universitarios, escolares y trabajadores con discapacidad incluidos en distintos espacios.  

¿Qué cambios te gustaría ver en la sociedad? 
El principal cambio que me gustaría ver en unos años es el respeto, no solo hacia las personas con discapacidad, sino entre todos. Desde cosas simples, como respetar una cola, no insultar, no pasarse el semáforo o respetar los espacios de los demás. Creo que todos esos valores son la base para mejorar la sociedad y es posible lograrlo.  

¿Qué metas tienes dentro y fuera del deporte? 
A corto plazo, me gustaría transmitir partidos de boccia en mis redes sociales y enseñar más sobre el deporte. Gracias a mis seguidores, la boccia se está haciendo más conocida en el Perú. A largo plazo, me gustaría alcanzar un puesto importante en el Mundial de Boccia y en los Juegos Parapanamericanos de Lima del próximo año. Competir en casa será algo muy especial para mí porque tendré a mi familia y muchas personas apoyándome. Y, obviamente, quiero clasificar a los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles en 2028. 

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Sobre Alina García

Estudiante de Comunicación y Publicidad. Me apasiona la creatividad y la comunicación con propósito. Disfruto las maratones de series y películas, fotografiar atardeceres y conversar durante horas.

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