Por Zaleth Vilca febrero 14, 2026

Uno llega puntual, más o menos presentable, con la esperanza de causar una buena primera impresión. Te sientas frente a alguien que no conoces -o conoces poco-, pero que ya empezó a evaluarte incluso antes de que pidas algo de tomar. Nadie lo dice en voz alta, pero algo está en juego desde el primer saludo.

Hay un momento incómodo muy específico en el que la “cita” deja de parecer un encuentro casual y se convierte oficialmente en una entrevista de trabajo. No de esas relajadas donde todo son risas, sino de las tensas, donde cada gesto cuenta. Últimamente, salir a conocer a alguien se siente exactamente como postular a una chamba que todavía no sabes si realmente quieres, pero que igual necesitas.

Empieza la ronda de preguntas:

“¿A qué te dedicas?”

“¿Qué estás buscando?”

“¿Cómo te fue con tu ex pareja?”

No por curiosidad, sino para saber si encajas con el perfil requerido. 

A veces la evaluación se pone creativa. Hace poco me preguntaron cuál era mi signo zodiacal, seguido de un comentario que sonó peligrosamente familiar: “es que nuestro ex empleado era igual, y no queremos cometer el mismo error”. En ese momento entendí todo. No estaba en una cita: estaba siendo comparada con alguien que ya había fallado antes.

Las aplicaciones de citas y las pantallas refuerzan esta lógica. Siempre parece haber otra opción disponible, otra persona a un desliz del dedo. Después de la pandemia muchas habilidades sociales se oxidaron y el temor a ser malinterpretados hace que midamos cada gesto con una cautela exagerada.

Este fenómeno no es casual. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman lo llamó “amor líquido”, es decir, vínculos fáciles de iniciar y todavía más fáciles de descartar. 

En un contexto donde siempre parece haber más opciones, las personas dejan de percibirse como encuentros únicos y empiezan a verse como posibilidades reemplazables. Algo muy parecido a cuando sabes que, si no encajas, hay una fila de candidatos esperando afuera.

Todos dicen que quieren “fluir”, pero la verdad es que nadie fluye. Todos están en modo reclutador. Observando si masticas raro, si usas mucho el celular, si eres muy serio, si hablas demasiado. Existe una checklist invisible para ver si pasas a la segunda ronda o si tu currículum emocional queda archivado sin aviso.

A veces incluso te ilusionan. La entrevista fue buena, cumples con lo requerido, un cv perfecto, hubo química, risas. Te dicen “nosotros te llamamos” con una sonrisa convincente. Sales pensando que esta vez sí. Pero la llamada no llega, y el silencio termina siendo una respuesta obvia. Otro día hablamos del ghosting.

También están los procesos eternos. Hay química, pero todo avanza con una prudencia quirúrgica. Nada de mostrarse demasiado. Nada de parecer “intenso”. Responder con retraso estratégico, como si demostrar interés fuera una debilidad profesional. Nos cuidamos tanto de no parecer interesados que, al final, no mostramos interés en absoluto.

El filósofo Byung-Chul Han, en La agonía del Eros, explica que las relaciones actuales están marcadas por el miedo a la exposición. Mostrarse demasiado pronto o sentir con demasiada intensidad se percibe como un riesgo. El resultado es un encuentro donde ambos intentan no parecer vulnerables y, paradójicamente, terminan sin mostrarse realmente. Una batalla de Metapods.

No es casual que un episodio de Black Mirror (“Hang the DJ”) imagine un sistema donde un algoritmo calcule la compatibilidad de las personas y determine cuánto debe durar cada relación antes de pasar a la siguiente. La ficción se siente cercana porque muchas citas hoy parecen funcionar bajo una lógica parecida: evaluar, comparar y reemplazar.

Pero entre el miedo a exponernos y la presión de hacerlo todo bien, las citas hoy se parecen más a un trámite que a una posibilidad.

Propongo dejar de comportarnos como candidatos perfectos y más bien actuemos como personas reales, con virtudes y errores. Sal a una cita sin protocolos y sin miedo al rechazo o al cringe. Que la conexión sea genuina… y si no funciona, al menos no habrás pasado por una entrevista: habrás tenido una cita. 

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Sobre Zaleth Vilca

Estudiante de Comunicación y Publicidad. Ilustrador digital y fanático de los musicales (especialmente Hamilton).

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